Tuesday, 30 January 2007

Confusion.


Desde que fui chica siempre esperé llegar a la edad necesaria para poder salir de mi casa y convertirme en alguien lo suficientemente independiente para tomar mis decisiones sin que nadie influyera en ellas. Toda la vida me creí independiente, lo suficiente como para vivir sola el resto de mi vida, consagrarme en cualquiera que fuera mi carrera y morir vieja, llena de amigas y de plata, en una casa gigante en Francia.

Primero fue de profesora de Historia, pero más tarde me di cuenta que entonces mis sueños de un futuro sumamente adinerado eran sólo eso: sueños. Despúes me gustó la cirugía, pero junto con mi cuerpo (Sí, adivinaron, fue en mi época púber) crecieron mis gustos y la sangre empezó a tener otra apariencia frente a mis ojos. Por último, sí, adivinaron. Me quedé con la opción más estúpida, aburrida y predecible, pero que concordaba con todos mis gustos: abogacía. No me interesa ser abogada, por más que todo el mundo dice que estoy hecha para eso. No me interesa dejar en libertar o mandar a la cárcel a un asesino. No, no estoy hecha para eso, si el simple hecho de hablar en público me atormenta y la idea de tener que socializar con descocidos está catalogada como una de mis peores pesadillas. Yo sé que lo mío está en la escritura. Es gnial poder esconderse tras las palabras y poder desahogarse sin que nadie lo reconozca. ¿Cobarde? Tal vez.

Pero me fui del tema, decía que siempre soñé con ser independiente, y hasta ese momento el amor no había tocado a mi puerta. Yo había tocado MUCHAS puertas, pero como nunca encontré a nadie y mi timbre seguía siendo tan nuevo como siempre, supuse que nada iba a cambiar. Decidí que los amores platónicos eran mucho má favorables para el modo de vida que yo quería vivir: podías vivir por ellos, sufrir por ellos, reír por ellos, pero jamás te tomarían más tiempo del que vos quisieras. No tendrías complicaciones ni obligaciones ni mucho menos tiempo para compartir. Todo era perfecto. Peroo no, la perfección realmente no existe y luego de abandonsr el amro real para vivir de fiesta, conocí a mi actual novio. Un año con él me hizo darme cuenta que la independencia no estaba ni siquiera emparentada con mi relación con este chico. No por él, claro, sino por mí.

Es aquí donde me encuentro en una encrucijada, en un momento decisivo de mi vida: ¿Debo seguir con el hombre que amo y renunciar a muchas cosas que siempre soñé o resignar todo y comenzar a vivir mi vida en soledad, sabiendo que tal vez dejé ir al amor de mi vida?

No me pregunten que voy a hacer, no lo sé. FUCK, maldita confusión.

1 comment:

brisa said...

libertad, que raro ese concepto no?
cuando no la tenemos, la deseamos con toda el alma, y cuando por fin tenemos la posibilidad de ser libres nos asusta.
que puedo decirte, yo no renunciaría al amor, si es verdadero.
creo que tiempo para estar sola vas a tener, aprovecha el acompañado