Tengo claro que al nacer, o al menos antes de hacerlo, nadie nos advierte de lo difícil que va a ser todo. No nos ponen una advertencia, ni siquiera nos dan la opción de elegir si salir o no. No podemos ni conocer qué va a pasar, qué nos va a ocurrir más adelante.
Tampoco cuando crecemos y estamos cada vez más concientes de nuestro alrededor nos damos cuenta lo difícil que es todo... Recién llegada la adolescencia, recién llegando a cierto estado de madurez (que hay que admitir, no todos lo alcanzan) podemos cambiar el punto de vista acerca de nuestras vidas aunque sea por un rato y darnos cuenta que lo que nos espera no va a ser ni lindo ni sencillo. Que vamos a tener que pelear, caernos y levantarnos, llorar y gritar. Vamos a tener que defender nuestra vida, vamos a tener que luchar, pelear, por más que sea lo peor. Nos vamos a tener que valer por nosotros y dejar de confiar en todos, porque cuando crecés te das cuenta que ya nadie puede poseer tu confianza, sólo sos vos en este mundo.
No es fácil abrir los ojos y ver todo esto y es sabido que muchos simplemente los cierran nuevamente y hacen como que todo nunca pasó. Se olvidan, lo guardan en lo más oscuro de sus memorias y no lo traen a la luz nunca. No entienden que esconder la realidad sólo la empeora, nadie puede destruir algo sólo con esconderlo. A la vida se le da pelea o simplemente se le muestra bandera blanca, uno se rinde ante ella y deja que haga con uno lo que desee.
Me gustaría ser de las primeras, esas que nunca se dan por vencidas... Me gustaría aunque sea creerme que algún día voy a poder llegar a ser como ellas. Pero tengo que admitir que soy de esas que nunca cerraron los ojos de nuevo (no por no querer, sino por no poder) y no pueden eludir la realidad: nunca voy a poder.
Tampoco cuando crecemos y estamos cada vez más concientes de nuestro alrededor nos damos cuenta lo difícil que es todo... Recién llegada la adolescencia, recién llegando a cierto estado de madurez (que hay que admitir, no todos lo alcanzan) podemos cambiar el punto de vista acerca de nuestras vidas aunque sea por un rato y darnos cuenta que lo que nos espera no va a ser ni lindo ni sencillo. Que vamos a tener que pelear, caernos y levantarnos, llorar y gritar. Vamos a tener que defender nuestra vida, vamos a tener que luchar, pelear, por más que sea lo peor. Nos vamos a tener que valer por nosotros y dejar de confiar en todos, porque cuando crecés te das cuenta que ya nadie puede poseer tu confianza, sólo sos vos en este mundo.
No es fácil abrir los ojos y ver todo esto y es sabido que muchos simplemente los cierran nuevamente y hacen como que todo nunca pasó. Se olvidan, lo guardan en lo más oscuro de sus memorias y no lo traen a la luz nunca. No entienden que esconder la realidad sólo la empeora, nadie puede destruir algo sólo con esconderlo. A la vida se le da pelea o simplemente se le muestra bandera blanca, uno se rinde ante ella y deja que haga con uno lo que desee.
Me gustaría ser de las primeras, esas que nunca se dan por vencidas... Me gustaría aunque sea creerme que algún día voy a poder llegar a ser como ellas. Pero tengo que admitir que soy de esas que nunca cerraron los ojos de nuevo (no por no querer, sino por no poder) y no pueden eludir la realidad: nunca voy a poder.
Vida, ya está, acá te entrego mi carta de rendición. No puedo más contra vos. Ganaste.
